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El gesto técnico y las mujeres: entre la continuidad y el cambio en la
escuela secundaria técnica
Embodiment, gestures and female participation: between continuity and
change in technical secondary schools
Analía Inés Meo
Consejo Nacional de Investigadores (Argentina)
analiameo@gmail.com
Federico Fort Villanueva Padilla
Consejo Nacional de Investigadores (Argentina)
Universidad de Jaén
https://orcid.org/0009-0005-7515-296X
Resumen:
En este ensayo visual invitamos a lectores/as y observadores/as a realizar un recorrido por
una colección de imágenes con el propósito de reconocer huellas corporales, materiales y
afectivas del carácter reciente e inestable de la participación de jóvenes mujeres en una
modalidad educativa históricamente caracterizada por su carácter androcéntrico. Son imágenes
producidas en el marco de una investigación etnográfica sobre un proyecto educativo de
mujeres docentes y estudiantes que configuraron la primera escudería automovilística
exclusivamente de mujeres de Argentina en el 2018. Las imágenes muestran distintos tipos de
manos manipulando herramientas y artefactos, ensuciándose, haciendo fuerza, pintando y
dibujando (evocando cuerpos, relaciones, proximidades físicas, dificultades, destrezas y
tensiones). Asimismo, permiten reconocer continuidades y cambios en los modos de habitar el
taller en un escenario histórico de ampliación de derechos y de disputas por el derecho de las
mujeres a aparecer en la esfera pública en igualdad de condiciones respecto de sus pares varones
(Butler, 2019). Se trata de una galería que visibiliza el proceso de construcción corporal,
afectivo y socio-material de lo que en la escuela técnica se ha dado en llamar el “gesto técnico”
para el caso de jóvenes mujeres que contribuyeron al armado de un auto eléctrico que compitió
en una carrera automovilística federal de estudiantes de escuelas técnicas durante los años 2024
y 2025.
Sugerencias para citar este artículo,
Meo, Analía Inés; Fort, Federico (2026). El gesto técnico y las mujeres: entre la continuidad y el cambio en la
escuela secundaria técnica. Afluir (Ordinario X), págs. 83-94, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.267
MEO, ANALÍA INÉS; FORT, FEDERICO (2026). El gesto técnico y las mujeres: entre la continuidad y el
cambio en la escuela secundaria técnica. Afluir (Ordinario X), octubre 2026, pp. 83-94,
https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.267
Recibido 02/07/2026 Revisado 21/07/2026
Aceptado 12/09/2026 Publicado 31/10/2026
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Abstract:
In this visual essay, we invite readers and observers to take a journey through a collection
of images with the aim of identifying physical, material and emotional traces of the recent and
unstable nature of young women’s participation in an educational context historically
characterised by its androcentric nature. These images were produced as part of an ethnographic
study of an educational project involving female teachers and students who formed Argentina’s
first all-female motor racing team in 2018. The images depict different types of hands handling
tools and artefacts, getting dirty, exerting force, painting and drawing (evoking bodies,
relationships, physical proximity, difficulties, skills and tensions). Furthermore, they allow us to
recognise continuities and changes in the ways of inhabiting the workshop within a historical
context of expanding rights and disputes over women’s right to appear in the public sphere on
an equal footing with their male peers (Butler, 2019). This essay highlights the embodied,
affective and socio-material process of constructing what, in technical schools, has come to be
known as the ‘technical gesture’—in the case of young women who helped build an electric car
that competed in a national motor racing competition for technical school students in 2024 and
2025.
Palabras Clave: gesto técnico, escuelas técnicas, mujeres
Key words: technical gesture, technical schools, women
Sugerencias para citar este artículo,
Meo, Analía Inés; Fort, Federico (2026). El gesto técnico y las mujeres: entre la continuidad y el cambio en la
escuela secundaria técnica. Afluir (Ordinario X), págs. 83-94, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.267
MEO, ANALÍA INÉS; FORT, FEDERICO (2026). El gesto técnico y las mujeres: entre la continuidad y el
cambio en la escuela secundaria técnica. Afluir (Ordinario X), octubre 2026, pp. 83-94,
https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.267
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Introducción
Desde sus orígenes, la escuela secundaria técnica en Argentina ha cimentado su identidad
en la preparación para el mundo del trabajo, ubicando al espacio del taller como el núcleo de su
modelo pedagógico (Gallart, 2006). No obstante, este entorno se ha configurado históricamente
como un territorio masculinizado (Jacinto et al., 2020; León, 2009, Chervin, 2021). La escuela
técnica aún hoy está fuertemente marcada por la segregación por género, reflejada tanto en la
baja matrícula femenina (que ronda apenas el 33%) como en la persistente invisibilización de
las mujeres, a quienes suele asociarse con la fragilidad (Bloj, 2017). Diversas investigaciones
han mostrado que, por ejemplo, en la escuela técnica se impone a las estudiantes una presión
adicional: la necesidad de validar constantemente sus capacidades o incluso de reprimir rasgos
considerados femeninos para ser aceptadas, limitando así sus oportunidades de aprendizaje
(Bloj, 2017). Pese a esto, el taller sigue siendo un espacio vital para forjar el sentido de
pertenencia a las escuelas.
Este panorama comenzó a transformarse al calor de la recuperación democrática de los
años 80, cuando las demandas por los derechos de mujeres y diversidades ganaron
protagonismo en la esfera pública. En la última década, este activismo se profundizó a través de
hitos fundacionales: el surgimiento de Ni Una Menos en 2015, la consolidación de los Paros
Internacionales de Mujeres y la histórica sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del
Embarazo en 2020. La irrupción de la llamada "marea verde"
1
y el activismo de las "pibas" no
solo reconfiguraron la organización colectiva, sino que también obligaron a repensar las
desigualdades desde una mayor complejidad.
En este escenario de fuertes demandas sociales, las políticas públicas empezaron a
integrar la perspectiva de género de manera formal. La Ley de Educación Sexual Integral (ESI)
de 2006 marcó un quiebre al desplazar el enfoque biomédico tradicional por uno basado en
derechos. Específicamente en el ámbito técnico, la Ley de Educación Técnico Profesional
(2005) y la creación, en 2018, del Área de Equidad de Género del INET, establecieron como
prioridad nacional el incremento de la presencia femenina en todas las especialidades. A estos
avances se sumaron encuentros anuales de mujeres de escuelas técnicas y debates promovidos
por sectores gremiales, buscando acortar las brechas de género en la modalidad.
1
Utilizaremos el entrecomillado para referirnos a categorías y expresiones utilizadas por autoridades, docentes, jóvenes,
documentos oficiales o de otro tipo.
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“Recargadas”: la escudería de autos ecológicos conformada por mujeres
En este contexto de cambio surge “Recargadas”
2
, la primera escudería de autos
ecológicos conformada íntegramente por mujeres que, desde el 2018, participa en una
competencia federal de autos eléctricos auspiciada por la Fundación Desafío ECO-YPF.
Mujeres docentes con distinta formación, antigüedad y dedicación, junto a estudiantes de
diferentes edades, trayectorias escolares (con y sin repetición) y de diferentes escuelas han
integrado la escudería. El ingreso y sostenimiento de la participación de las estudiantes son
voluntarios. Formar parte de este proyecto no otorga acreditaciones escolares de ningún tipo.
La emergencia de “Recargadas” se fundó en el propósito de expandir la presencia
femenina en aquellas especialidades de la modalidad técnica tradicionalmente consideradas
como las más "duras", tales como mecánica, automotriz y electromecánica (Meo et al., 2023).
Esta iniciativa, que nació bajo el auspicio de la Dirección de Escuela Técnica (DET) y contó
inicialmente con el respaldo financiero de una firma de electrodomésticos, cobró vida cuando se
le encomendó a Susy —supervisora y figura central del proyecto— la tarea de reunir a un grupo
de docentes para participar en la competencia automovilística. La propuesta inicial era pintar
una carrocería ya existente y dejarla “linda” para la “cámara” (un canal de televisión filmó a las
integrantes de la escudería durante la primera carrera en la que participaron). Sin embargo, el
equipo de docentes mujeres asumió el desafío con la determinación de "hacerlo bien" y
construir la propuesta "desde cero". El objetivo compartido de estas mujeres fue impulsar a las
alumnas a apropiarse del taller y a “animarse” (dejando atrás el miedo y la vergüenza que, según
las profesoras, muchas jóvenes sentían cuando tenían que usar herramientas). Las docentes y
estudiantes mujeres compartieron el espacio del taller de la escuela (sede del proyecto) con sus
pares varones (quienes, por ejemplo, les prestaron sus herramientas y también acompañaron
enseñando, ayudando al armado del auto, la instalación y puesta a punto del motor). Durante
períodos variables en cada año (de abril a noviembre en el 2025 y de agosto a noviembre en el
2024), las jóvenes asistían a reuniones organizativas, iban al taller a trabajar en distintos
momentos del armado del auto que, en ocasiones, implicó la creación desde cero del vehículo y,
en otras debido a falta de recursos, su reciclado. A veces estaban solas en el taller (siempre con
algún docente mujer o varón). En otras ocasiones, estaban en pequeños grupos trabajando. En
distintos momentos, tenían que realizar variadas acciones para armar o reciclar la carrocería y el
chasis (entre otras limar, cortar, medir, atornillar, amolar, ajustar, martillar, remachar y, cuando
podían hacer la carrocería del auto “desde cero”, medir, cortar, curvar y soldar caños). En todos
los casos, pintaban de manera artesanal la carrocería. Para cada competencia, eligieron para
decorar el auto una figura femenina o colectivo de mujeres que les parecía inspirador (en el
2025 fue María Elena Walsh -compositora y escritora de cuentos infantiles- y en el 2024 Cris
Miró -primera travesti que triunfó en el mundo del espectáculo en Argentina durante la década
de 1990).
2
Las docentes y estudiantes mujeres decidieron que utilicemos el nombre real de la escudería, anonimizando a las personas e
instituciones. Asimismo, nos han autorizados a publicar las imágenes de esta publicación (tomadas por las autoras).
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Hasta la irrupción de “Recargadas”, el lugar de las mujeres en la competencia “Desafío
YPF- Eco” había sido periférico, quedando relegadas casi exclusivamente al rol de pilotas bajo
el argumento de que su menor peso y contextura física facilitaban el cumplimiento de las
pruebas técnicas que se realizan antes de cada competencia en el autódromo. En el
automovilismo profesional y en la fórmula F que inspiró la organización de esta competencia,
las figuras y cuerpos femeninos han ocupado y ocupan lugares periféricos asumiendo roles de
promoción de marcas y productos de distinto tipo que demandan juventud y belleza hegemónica
para asumirlos. En Argentina, las “promotoras” son las mujeres que acompañan a los pilotos y a
las escuderías en boxes posando y sonriendo para las cámaras (durante la carrera y el momento
de premiación).
Gestos en disputa
En distintas investigaciones cualitativas realizadas por Autor@1 y equipo en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, docentes varones de materias de especialidades técnicas hacían
referencia a la importancia de que los estudiantes se apropiaran del “gesto técnico”. Algunos
docentes lo asociaban con rasgos centrales de la escuela técnica que ellos llamaban “tradicional”
(e incluso “atrasada”) y que se desarrolló en Argentina a partir de mediados del siglo XIX –
muy vinculada a la fábrica industrial y a sus necesidades de mano de obra con distintos tipos de
calificación. Otros docentes, en cambio, seguían reconociendo al “gesto técnico” con el presente
de la escuela técnica y lo vinculaban con la vigencia de (en escenarios que reconocían de
creciente automatización en el sector productivo) la importancia de inculcar disciplina,
seguridad, aprendizajes teórico-prácticos, control del cuerpo, y el reconocimiento de la
importancia del trabajo con otros. Cuando hablaban de “gesto técnico” en las entrevistas y
conversaciones informales hacían referencia a variedad de disposiciones y posturas corporales
que, con el tiempo, debían ser internalizadas por los estudiantes y debían realizarse de forma
“casi automática”. La incorporación de estas disposiciones corporales permite reconocer cómo
posicionarse de manera correcta frente a una herramienta, maquinaria y/o artefacto con el fin de,
por ejemplo, tomarlo, accionarlo, moverlo, arreglarlo o mantenerlo en buen estado. Estas
disposiciones también suponen la incorporación de saberes y saberes hacer respecto de las
posibilidades e incluso límites de los objetos. Según los docentes, apropiarse de este “gesto
técnico” exigía práctica, ensayos, repeticiones, errores, titubeos y “poner el cuerpo”. Enseñar/
aprender electricidad, carpintería, y mecánica, por ejemplo, exigía que se asociaran cuerpos,
materialidades y afectos. Así, estos campos de intervención técnica ponen en juego
materialidades que hacen hacer, exigen esfuerzos, movimientos, energía, fuerza, y
modulaciones corporales -al tiempo que movilizan formas de conocimiento científico y
tecnológico, nociones sobre la pedagogía, la escuela técnica y sus relaciones con el mundo socio
productivo, y afectaciones de distinto tipo-. Sin embargo, el gesto no se reduce a ser una acción
instrumental orientada a un fin. También puede ser comprendido como una forma sensible en la
que se inscriben temporalidades heterogéneas. Didi-Huberman (2016), frente a una fotografía de
Alexander Tsiaras, en la cual vemos un lamento de un hombre ante un ataúd en un funeral,
afirma: “es curioso en un entierro: incluso cuando quienes participan son jóvenes, uno percibe
que tienen gestos muy, muy antiguos, mucho más antiguos que la misma gente” (p.39).
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Esta persistencia de lo antiguo en el presente también encuentra sustento teórico en la
propuesta de Giovanni Maddalena (2015) quien, desde una perspectiva pragmática, define al
gesto como cualquier acto realizado con un principio y un fin que, partiendo de su raíz
etimológica gero (“yo cargo”, “yo llevo adelante”), porta un significado que trasciende la
inmediatez de la acción (pp. 69-70). Para Maddalena, el gesto opera como un "razonamiento
sintético" cuya función primordial es "reconocer la identidad a través de los cambios" (p. 9),
permitiendo que el cuerpo funcione como un puente donde la singularidad de un acto se funde
con la generalidad de una memoria compartida. Al concebirlo como un "gesto completo" —una
"mezcla densa" de elementos icónicos, indexicales y simbólicos— el autor nos permite
comprender cómo una acción puede ser, al mismo tiempo, la actualización de una herencia
cultural sedimentada y la apertura hacia una nueva determinación de sentido.
Es decir que, ante un determinado gesto podemos estar frente a capas arqueológicas que
se expresan, en forma sintética, en él. En este sentido, las imágenes “son especies de cristales
en las cuales se concentran muchas cosas, y en particular, esos gestos muy antiguos […]” (Didi-
Huberman, 2016, p.42). Pese a que en este ensayo no trabajamos con imágenes que muestren
emociones “límites”, como el gesto de alguien ante la pérdida de un ser querido o el llanto y la
impotencia de un rostro frente a una injusticia, nos parece llamativo enfocarnos en rescatar
algunos de los gestos que vemos en las mujeres estudiantes de la escudería. ¿De dónde vienen
estos gestos? ¿A qué cuerpos estaban históricamente reservados? ¿Qué ocurre cuando esos
mismos movimientos —sedimentados durante décadas como masculinos en el taller— son
ejecutados por otros cuerpos? ¿Se trata de una mera apropiación o de una transformación de la
propia gramática gestual del taller?
En la perspectiva de Aby Warburg, en la cual Didi-Huberman abreva, los gestos son
portadores de una memoria cultural que sobrevive y reaparece en contextos históricos disímiles
bajo la forma de Pathosformeln: fórmulas expresivas donde el movimiento del cuerpo condensa
intensidades afectivas, tensiones y conflictos que exceden la situación inmediata en la que se
manifiestan. Así, cada mano que aprieta, ajusta, lija o dibuja no sólo ejecuta una tarea técnica,
sino que reactualiza —en su economía del movimiento— una historia de los cuerpos en relación
con el trabajo, la destreza y la legitimidad de su hacer.
En este sentido, los gestos técnicos registrados en las imágenes pueden leerse como
formas de aparición que hacen visible una disputa: la de la inscripción de cuerpos
históricamente excluidos en un espacio —el taller, la técnica, la mecánica— entendido como
masculino. Desde esta perspectiva, el “gesto técnico” no es únicamente la adquisición de una
habilidad específica, sino un proceso de incorporación y transformación. Incorporación, en tanto
implica el aprendizaje de una gramática gestual históricamente sedimentada; transformación, en
tanto esos mismos gestos, al ser ejecutados por otros cuerpos, introducen variaciones, desvíos y
reconfiguraciones.
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Estas imágenes permiten advertir, allí donde la tradición técnica ha naturalizado ciertos
modos de hacer como universales, su carácter situado y contingente. El gesto se vuelve un lugar
de politización. Siguiendo la idea de lucha por el derecho a aparecer en la esfera pública
trabajada por Judith Butler, podría decirse que estos gestos producen objetos al tiempo que
muestran: hacen aparecer cuerpos que, al ejecutar esas acciones, reclaman su derecho a ocupar
ese espacio en la escuela técnica. El gesto técnico deviene así un gesto performativo en sentido
amplio: hace pero también instituye. Como argumenta Analía Inés Meo et al. (2023a), las
“Recargadas” llevaron adelante de manera local luchas por su derecho a aparecer en la escuela
técnica, con sus modos de hacer y habitar el espacio de taller con cuerpos feminizados que
históricamente habían sido excluidos, discriminados, marginalizados en ese espacio y en la
modalidad educativa técnica.
Como advertimos anteriormente, lo que comenzó como un proyecto pedagógico (cuyo fin
era armar un auto y correrlo en la competencia) se fue transformando en la conformación de un
colectivo de mujeres (docentes y estudiantes de distintas escuelas técnicas) que desplegó
variedad de acciones para lograr que más mujeres fueran incluidas en la escuela técnica y se
“animaran” a perder el “miedo” que, según docentes mujeres, les generaba tener que manejar
herramientas, maquinarias y artefactos. “Recargadas” se fue configurando una alianza de
cuerpos y una acción colectiva que desestabilizó la matriz de inteligibilidad que había asociado
a la figura del mecánico (en el taller y en los boxes del autódromo) con el varón.
A modo de cierre
Este ensayo visual ha intentado mostrar que los gestos técnicos registrados en las
imágenes de “Recargadas” no son simplemente evidencia de una habilidad adquirida, sino
huellas de una disputa más profunda: la que libran cuerpos históricamente excluidos por ocupar
un espacio que la tradición ha definido como masculino.
A lo largo del recorrido propuesto, pudimos observar que el "gesto técnico" —esa
gramática corporal que la escuela técnica ha transmitido durante décadas— no es neutral ni
universal. Su aparente naturalidad oculta una historia de exclusiones sedimentadas: la del taller
como territorio de varones, la de la mecánica como saber legítimamente masculino, la de la
mujer como figura periférica destinada a la sonrisa y la promoción antes que a la llave
hexagonal y la remachadora manual. Cuando manos femeninas (con sus uñas pintadas en
muchos casos) liman, sueldan, miden y ajustan, no simplemente replican esos gestos: los
desplazan, los interpelan y, en algún punto, los transforman.
En este sentido, la experiencia de “Recargadas” excede con creces su dimensión
pedagógica inicial. Lo que comenzó como una propuesta institucional de "dejar linda" una
carrocería vieja derivó en la construcción colectiva de una alianza de cuerpos —docentes y
estudiantes, de distintas trayectorias y edades— que disputó, en el plano cotidiano del taller, el
derecho a aparecer en igualdad de condiciones. Siguiendo a Butler, ese derecho no se proclama
únicamente en las calles o en los textos legales: también se ejerce —y se conquista— en el gesto
de quien toma una herramienta por primera vez y decide no soltarla.
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Las imágenes analizadas evidencian, además, que este proceso de incorporación no está
exento de tensiones. La necesidad de validar capacidades, de superar el miedo y la vergüenza,
de demostrar permanentemente que se "puede", revela que la ampliación del derecho a habitar
la escuela técnica es todavía un proceso en curso, frágil e inestable. La baja matrícula femenina,
la persistencia de estereotipos y la demanda implícita de que las mujeres renuncien a ciertos
rasgos considerados femeninos para ser aceptadas en el taller son indicadores de que las
transformaciones estructurales avanzan de manera desigual respecto de los cambios que se
producen en las prácticas cotidianas.
Sin embargo, también pudimos advertir que algo se ha movido. Los gestos que estas
jóvenes ejecutan en el taller no son los mismos que los de sus antecesoras, porque no son
ejecutados en las mismas condiciones históricas ni con el mismo horizonte de posibilidad. La
marea verde, la Educación Sexual Integral, la Ley de Educación Técnico Profesional y la
creación del Área de Equidad de Género del INET son el suelo sobre el que estas manos
trabajan. Suelo en el que, desde la asunción del gobierno de Milei en diciembre de 2023, están
emergiendo las políticas públicas y discursos gubernamentales que atacan de manera frontal al
movimiento de mujeres, a los feminismos y a sus reivindicaciones históricas. Estas jóvenes
ejecutan gestos en un terreno imperfecto y disputado. En ese sentido, cada imagen de este
ensayo funciona como un cristal en el que conviven tiempos heterogéneos: el peso largo de una
exclusión, el pulso nuevo de quien se anima, y el ímpetu de lógicas que se proponen negar
desigualdades y marginalizaciones.
“Recargadas” muestra que lo técnico y lo político no se separan en el cuerpo de quienes
aprenden. El gesto que ajusta un tornillo o suelda un caño es, al mismo tiempo, un gesto que
reclama un lugar. Y ese reclamo, ejercido colectivamente, en los márgenes de un sistema
educativo que aún no ha terminado de procesar sus propias contradicciones de género,
constituye una forma menor pero no por eso menos significativa de transformación social.
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Maddalena, G. (2015) The philosophy of gesture: completing pragmatists' incomplete
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