Hasta la irrupción de “Recargadas”, el lugar de las mujeres en la competencia “Desafío
YPF- Eco” había sido periférico, quedando relegadas casi exclusivamente al rol de pilotas bajo
el argumento de que su menor peso y contextura física facilitaban el cumplimiento de las
pruebas técnicas que se realizan antes de cada competencia en el autódromo. En el
automovilismo profesional y en la fórmula F que inspiró la organización de esta competencia,
las figuras y cuerpos femeninos han ocupado y ocupan lugares periféricos asumiendo roles de
promoción de marcas y productos de distinto tipo que demandan juventud y belleza hegemónica
para asumirlos. En Argentina, las “promotoras” son las mujeres que acompañan a los pilotos y a
las escuderías en boxes posando y sonriendo para las cámaras (durante la carrera y el momento
de premiación).
Gestos en disputa
En distintas investigaciones cualitativas realizadas por Autor@1 y equipo en la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, docentes varones de materias de especialidades técnicas hacían
referencia a la importancia de que los estudiantes se apropiaran del “gesto técnico”. Algunos
docentes lo asociaban con rasgos centrales de la escuela técnica que ellos llamaban “tradicional”
(e incluso “atrasada”) y que se desarrolló en Argentina a partir de mediados del siglo XIX –
muy vinculada a la fábrica industrial y a sus necesidades de mano de obra con distintos tipos de
calificación. Otros docentes, en cambio, seguían reconociendo al “gesto técnico” con el presente
de la escuela técnica y lo vinculaban con la vigencia de (en escenarios que reconocían de
creciente automatización en el sector productivo) la importancia de inculcar disciplina,
seguridad, aprendizajes teórico-prácticos, control del cuerpo, y el reconocimiento de la
importancia del trabajo con otros. Cuando hablaban de “gesto técnico” en las entrevistas y
conversaciones informales hacían referencia a variedad de disposiciones y posturas corporales
que, con el tiempo, debían ser internalizadas por los estudiantes y debían realizarse de forma
“casi automática”. La incorporación de estas disposiciones corporales permite reconocer cómo
posicionarse de manera correcta frente a una herramienta, maquinaria y/o artefacto con el fin de,
por ejemplo, tomarlo, accionarlo, moverlo, arreglarlo o mantenerlo en buen estado. Estas
disposiciones también suponen la incorporación de saberes y saberes hacer respecto de las
posibilidades e incluso límites de los objetos. Según los docentes, apropiarse de este “gesto
técnico” exigía práctica, ensayos, repeticiones, errores, titubeos y “poner el cuerpo”. Enseñar/
aprender electricidad, carpintería, y mecánica, por ejemplo, exigía que se asociaran cuerpos,
materialidades y afectos. Así, estos campos de intervención técnica ponen en juego
materialidades que hacen hacer, exigen esfuerzos, movimientos, energía, fuerza, y
modulaciones corporales -al tiempo que movilizan formas de conocimiento científico y
tecnológico, nociones sobre la pedagogía, la escuela técnica y sus relaciones con el mundo socio
productivo, y afectaciones de distinto tipo-. Sin embargo, el gesto no se reduce a ser una acción
instrumental orientada a un fin. También puede ser comprendido como una forma sensible en la
que se inscriben temporalidades heterogéneas. Didi-Huberman (2016), frente a una fotografía de
Alexander Tsiaras, en la cual vemos un lamento de un hombre ante un ataúd en un funeral,
afirma: “es curioso en un entierro: incluso cuando quienes participan son jóvenes, uno percibe
que tienen gestos muy, muy antiguos, mucho más antiguos que la misma gente” (p.39).