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DOI: https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.252
El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno: estética, ética y
sostenibilidad para habitar el aire
Tomás Saraceno’s Aerocene Project: Aesthetics, Ethics and
Sustainability for Inhabiting the Air
Mei-Hsin Chen
Universidad de Navarra
mchen@unav.es
https://orcid.org/0009-0005-7515-296X
Resumen:
El presente artículo examina el proyecto Aerocene de Tomás Saraceno como una
propuesta crítica que trasciende la concepción del aire como mero recurso natural para
redefinirlo como un medio vital, social y cultural. Mediante un enfoque transdisciplinario que
articula la esferología de Peter Sloterdijk con la praxis artística contemporánea, se indaga en
cómo las esculturas aerosolares de Saraceno vertebran una “estética de la interdependencia”.
Estas instalaciones, propulsadas exclusivamente por termodinámica atmosférica, actúan como
dispositivos éticos que impugnan las lógicas extractivas del Capitaloceno, sugiriendo modos
alternativos de habitar la atmósfera basados en la movilidad sostenible y el metabolismo cero.
El proyecto sitúa al aire como nexo vinculante entre comunidades y catalizador de una
responsabilidad compartida, instando a un tránsito desde la explotación técnica hacia una
ontología del cuidado y la coexistencia planetaria.
Sugerencias para citar este artículo,
Chen, Mei-Hsin (2026). El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno: estética, ética y sostenibilidad para habitar el
aire. Afluir (Ordinario X), págs. 35-50, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.252
CHEN, MEI-HSIN (2026). El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno: estética, ética y sostenibilidad para habitar
el aire. Afluir (Ordinario X), octubre 2026, pp. 35-50, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.252
Recibido 05/01/2026 Revisado 10/09/2026
Aceptado 15/09/2026 Publicado 31/10/2026
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Abstract:
This article examines Tomás Saraceno's Aerocene project as a critical intervention that
transcends the conception of air as a mere natural resource, redefining it as a vital, social, and
cultural medium. Through a transdisciplinary approach that articulates Peter Sloterdijk’s
spherology with contemporary artistic praxis, the study investigates how Saraceno’s aerosolar
sculptures underpin an “aesthetics of interdependence.” Powered exclusively by atmospheric
thermodynamics, these installations function as ethical devices that challenge the extractive
logics of the Capitalocene, proposing alternative modes of inhabiting the atmosphere grounded
in sustainable mobility and zero metabolism. The project positions air as a binding nexus
between communities and a catalyst for shared responsibility, urging a transition from technical
exploitation toward an ontology of care and planetary coexistence.
Palabras Clave: Aerocene, arte contemporáneo, proyecto artístico
multidisciplinario, poética de la sostenibilidad, Tomás Saraceno
Key words: Aerocene, contemporary art, multidisciplinary artistic project,
poetics of sustainability, Tomás Saraceno
Sugerencias para citar este artículo,
Chen, Mei-Hsin (2026). El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno: estética, ética y sostenibilidad para habitar el
aire. Afluir (Ordinario X), págs. 35-50, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.252
CHEN, MEI-HSIN (2026). El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno: estética, ética y sostenibilidad para habitar
el aire. Afluir (Ordinario X), octubre 2026, pp. 35-50, https://dx.doi.org/10.48260/ralf.10.252
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Una fenomenología del aire
El aire es ordinario y extraordinario a la vez (Connor, s.f.). Este elemento omnipresente
constituye un fenómeno de naturaleza compleja, cuya composición química, propiedades
meteorológicas y repercusión ambiental lo erigen como un ámbito de estudio
transdisciplinario. La contaminación atmosférica y el cambio climático han aumentado su
relevancia política y social. Morton (2013, 73) lo describe como un hiperobjeto, algo tan vasto
y difuso que desafía la conceptualización humana. Su condición de medio de vida y de
comunicación lo convierte en un factor clave para la existencia humana y su organización
social, tal como propone Peter Sloterdijk (2016) en su análisis sobre la atmósfero-política.
El aire es el medio a través del cual se manifiestan las múltiples formas de vida, de
interacción con el entorno y de socialización. Necesitamos recuperar la dimensión
fenomenológica de habitar el aire, es decir, las formas en que los seres humanos perciben e
interactúan con el medio en el que viven y a través del cual viven (Connor, s.f.). Ahora bien,
¿cómo podemos explorar la interconexión de cuerpos, entornos, estructuras sociales y
experiencias humanas individuales que el aire hace posible? Parece imposible ignorar las
experiencias e interacciones de los organismos vivos dentro de ese medio, en las que son
sujetos de percepción y afecto, organismos metabólicos y, en última instancia, seres sociales
(Szerzynski, s.f., 2017).
Necesitamos repensar la medialidad del aire, el clima y el tiempo más allá de los límites
de un enfoque científico. Esto significa ir más allá de abstracciones como las temperaturas
globales, los recuentos estadísticos de los cambios generales en los patrones meteorológicos y,
en última instancia, de las supuestas soluciones tecnológicas ecológicas (Szerzynski, 2010).
Quizá no se trate solo de una solución político-tecnológica. Considerar el aire como medio de
vida implicaría verlo como un elemento no solo de la naturaleza, sino también de la cultura,
como un híbrido que aborda cuestiones tanto de hecho como de interés. El proyecto Aerocene
de Saraceno explora esta zona crucial y borrosa de transferencia entre un enfoque científico de
la naturaleza y un enfoque experimental, artístico y fenomenológico más abierto de los
elementos de la vida, como el sol, el aire, la tierra, los espacios que habitamos y las atmósferas
que creamos (Szerzynski, 2017; Saraceno, 2017).
Desde la antigüedad griega, la relación entre el aire, el clima y la geografía no se
concibió únicamente como una realidad meteorológica, sino como una tradición de
pensamiento que atribuía al entorno atmosférico una influencia directa en la conformación de
las sociedades. Esta perspectiva dio lugar a un conocimiento híbrido donde las condiciones
ambientales se consideraban indisolubles de los cuerpos, las mentes y las formas de vida
comunitaria. Antiguamente, el aire solía ser sinónimo de clima: la palabra clima en griego
significaba, en realidad, condiciones locales y era originalmente un término geográfico
(Méndez Frades, 2018). En la filosofía antigua, el marco climático definía la especificidad de
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un lugar concreto; sin embargo, Hipócrates señaló que el aire que configura la vida en un
territorio influye no solo en la fisiología corporal, sino también en las mentalidades,
emociones e instituciones sociales de sus habitantes (Galimberti Oliveira, 2017). Por tanto, la
diversidad cultural comenzó a estudiarse desde una perspectiva atmosférica (Gallagher, 2013;
Tenney, 1916). Lejos de constituir un mero marco pasivo, las condiciones atmosféricas
inciden en la estructuración social al imponer exigencias materiales y metabólicas que
requieren respuestas colectivas de adaptación y cohabitación. Esta relación no debe
interpretarse como un determinismo rígido, sino como una afinidad o inclinación hacia ciertas
formas de vida social. Como sostenía Herder (1800/1966), el clima genera una disposición
cultural y antropológica que modela las costumbres; en sus palabras, el entorno atmosférico
“no obliga, sino que tienta” (pp. 176-177). De este modo, las culturas humanas se encuentran
inmersas en un bucle de retroalimentación con el clima: al transformarse las condiciones
atmosféricas, la organización comunitaria se reconfigura. Habitar el aire implica, en última
instancia, reconocer que los grupos humanos se moldean con el paso del tiempo, las estaciones
y las temperaturas, concibiendo la cultura como el arte de interactuar con la atmósfera para
hacerla habitable o, por el contrario, arriesgarse a volverla inviable.
Sin embargo, la perspectiva climática no agota la experiencia del aire. Junto a las teorías
del clima que conciben la atmósfera como un marco de arraigo local y comunitario, existe una
segunda tradición de pensamiento centrada en los meteoros: las dinámicas del aire en perpetuo
flujo y transformación. Mientras que el clima define la especificidad de un lugar, la
meteorología —desde la física aristotélica hasta las ciencias de la complejidad— se ocupa de
los acontecimientos fluidos, las fuerzas cambiantes y los fenómenos evanescentes como los
vientos, las nubes y las corrientes térmicas (Barrero, 2004; Tsonis y Zerefos, 2020). Bajo este
enfoque, la atmósfera deja de percibirse como un contenedor estático para revelarse como un
sistema dinámico de fuerzas e impulsos cinéticos. Aristóteles ya concebía los meteoros como
composiciones efímeras del aire y los elementos en constante mutación, destacando su carácter
inestable y transitorio (Llovet-Abascal, 2023, 205). Esta dimensión meteórica del aire es
decisiva para comprender la movilidad contemporánea: el aire no es solo un medio de
localización o sustento, sino un vector energético y una cinta transportadora de movimiento
(Janković, 2001). Es precisamente esta condición del aire como medio fluido y portador de
energía la que permite reconsiderar las formas de desplazamiento y cohabitación planetaria
que explora el proyecto Aerocene.
Así, el aire es el portador en constante movimiento de las semillas de la vida. Humboldt
(1949) lo considera un océano de aire en el que estamos inmersos. Fue el primero en describir
los estados térmicos del aire a medida que se desvían del sistema de latitudes en su famoso
mapa de isotermas de 1838. Desde el punto de vista meteorológico, la vida flota y planea en el
aire en forma de polvo fecundante o polen, semillas de plantas, huevos de insectos y
microorganismos (Humboldt, 2011, pp. 210-352). En su obra describe cómo, incluso en los
hielos polares, el aire resuena con los cantos de los pájaros y el zumbido de los insectos. Y no
solo las capas más bajas, densas y vaporosas de la atmósfera están llenas de vida, sino también
las regiones más altas y etéreas (Humboldt, 2011, p. 228).
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Una visión histórica concisa de los conocimientos relativos a los fenómenos
atmosféricos y climáticos revela la perdurable interconexión intrínseca de estos. Sin embargo,
parece que esta perspectiva se ha olvidado tanto por el concepto moderno de meteorología
científica como por la separación entre condiciones sociales y naturales. Sin embargo, cuando
se considera el aire como un medio de vida, se aprecia que este une y sostiene los cuerpos
humanos, los lugares, las culturas, las sociedades y los entornos. El aire es un estado que da
forma y estabilidad al organismo vivo y proporciona una fuente primaria de energía. Además,
el aire es un sistema de flujos y presiones que crea vida en un sistema de movimientos. Por lo
tanto, el aire puede considerarse un medio de localización o sustento (clima) y de transporte o
transmisión (meteoros). Esta dualidad del aire proporciona una base para una fenomenología
del ser en el aire (Sloterdijk, 2016).
El proyecto Aerocene de Tomás Saraceno
Una manera alternativa de comprender la naturaleza del aire es considerarlo desde una
perspectiva estética, destacando su papel esencial como medio de vida. Tomás Saraceno, artista
y científico, emplea una metodología experimental para explorar sus dimensiones sensoriales y
simbólicas. A través de la creación de esculturas aéreas impulsadas por energía solar y térmica,
transforma el aire en un objeto de interés artístico. Su proyecto Aerocene, iniciado en 2004,
explora las múltiples facetas del aire como sustento climático, medio de transporte y nexo con el
cosmos, proponiendo alternativas libres de combustibles fósiles. En 2012, durante su estancia en
el MIT Center for Art, Science & Technology, Saraceno profundizó en estas ideas, dando
continuidad a su investigación hasta la actualidad (Aerocene, s.f.-b; Saraceno, 2016; Aerocene,
s.f.-g; Engelmann, 2020; Urbina Polo, 2022).
Desde esta perspectiva, se plantea que una estética del aire debe comprenderse como el
desarrollo de una aisthesis del aire. El término aisthesis se refiere a un modo elemental de
percepción sensorial que involucra la vista, el oído, el tacto y el olfato (Tatarkiewicz 1980, pp.
78-83). Al aplicar este concepto al aire, se abarcan aspectos como su visibilidad e invisibilidad,
sus cualidades táctiles —tales como temperatura, humedad y movimiento—, así como sus
dinámicas internas, como vientos, corrientes y densidad. En este sentido, Saraceno propone
una estética de la interdependencia, donde el arte no solo modeliza el clima, sino que hace
accesibles sus estados dinámicos a la experiencia humana integral. Además, se incluye la
dimensión emocional vinculada a los patrones meteorológicos. Sin embargo, esta aproximación
no busca modelizar el clima, sino hacer accesibles sus estados y dinámicas a la experiencia
humana. En este sentido, el arte desempeña un papel crucial al generar espacios, situaciones y
entornos que permiten percibir la atmósfera de manera integral. A través de sus instalaciones
espaciales, esculturas sinestésicas y experimentos colaborativos, el proyecto Aerocene de
Saraceno se convierte en una exploración tangible de esta aisthesis del aire, fomentando nuevas
formas de coexistencia en la atmósfera.
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El proyecto Aerocene es una iniciativa artística y multidisciplinar que reflexiona sobre el
impacto de la humanidad en el planeta y que ha evolucionado hasta convertirse en un
movimiento a favor de la justicia ecosocial. Su propuesta se basa en la flotación libre en el aire
sin el uso de combustibles fósiles, litio o hidrógeno, y promueve una nueva forma de
relacionarnos éticamente con la Tierra y su red interconectada de vida. Las esculturas de
Saraceno actúan como termómetros éticos: al depender de la radiación solar y terrestre,
evidencian la fragilidad de la termodinámica planetaria. Aerocene se ha consolidado como una
plataforma para la justicia climática, la transición energética socioecológica, la defensa de los
derechos humanos y no humanos, y la exploración de nuevas formas de conocimiento y
percepción. Saraceno ha desarrollado herramientas sostenibles y colaborativas, como el
Aerocene Backpack (Figura 1), un kit flotante portátil que permite a cualquier persona lanzar su
propia escultura de aire y empezar a experimentar el océano de aire, impulsado únicamente por
el sol, sin necesidad de combustibles fósiles, helio, hidrógeno, paneles solares o baterías. El
Aerocene Backpack también incluye un kit de detección denominado SensAIR (Figura 2), que se
encuentra en una botella de plástico transparente y sirve para la recopilación de datos
atmosféricos sin emisiones, y la Aerocene App, que predice trayectorias de vuelo sin CO₂
mediante datos meteorológicos (Aerocene, s.f.-a). Además, se promueve la creación de sensores
de contaminación y de dispositivos ambientales de código abierto, e invita a la comunidad
global a reflexionar sobre nuestra relación con la atmósfera y el planeta (Aerocene, s.f.-e).
Figura 1. Proceso de montaje, inflado y vuelo de la escultura aerosolar Aerocene Backpack. A) Componentes y
desembalaje del kit portátil en terreno. B) Proceso de llenado y captación de radiación solar y térmica. C) Despliegue
inicial y pruebas de flotabilidad aerosolar. D) Escultura en sustentación y vuelo libre en la atmósfera sin uso de
combustibles fósiles. Fuente: Adaptado de Aerocene Foundation, https://aerocene.org/aerocene-backpack.
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Figura 2. Componentes y funcionamiento del kit de detección atmosférica SensAIR. A) Ensamblaje del dispositivo con
tecnología de código abierto (placa Raspberry Pi y módulo óptico en carcasa reciclada). B) Módulos y sensores
ambientales para la medición en tiempo real de temperatura, humedad, presión y material particulado. C) Registro
visual e interfaz de procesamiento de datos atmosféricos obtenidos durante los vuelos aerosolares. Fuente: Adaptado
de Aerocene Foundation, https://aerocene.org/sensing-devices.
Las esculturas flotantes, llenas de aire y hechas de Mylar, se mantienen en el aire gracias
al calor del sol durante el día y a la radiación infrarroja de la Tierra por la noche. Inspiradas en
los globos Montgolfière Infrarouge (MIR) del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES)
de Francia en la década de 1970, estas estructuras utilizan tecnología aerosolar de energía cero
para desplazarse con las corrientes atmosféricas (Saraceno 2016). Este concepto de movilidad
desafía los paradigmas de transporte contemporáneos, proponiendo un desplazamiento nómada
que se somete a la voluntad de los flujos de aire en lugar del dominio tecnológico vertical.
Las esculturas aerosolar de Aerocene incorporan una cámara que, durante su ascenso,
captura imágenes siguiendo el movimiento del vehículo suspendido. Esta grabación documenta
las corrientes y derivas meteorológicas dentro de la atmósfera y explora el potencial de los
viajes ligeros impulsados por el viento. Este concepto abre la puerta a desplazamientos nómadas
y aleatorios, o a trayectorias influenciadas por la complejidad de los flujos de aire, incluidas las
corrientes ascendentes y descendentes. El estudio de la dinámica atmosférica y sus variaciones
energéticas sugiere que los seres humanos podrían navegar a través de estos flujos. Por el
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contrario, los métodos contemporáneos de transporte se basan en un enfoque dirigido,
tecnológicamente controlado y altamente dependiente del consumo energético, en el que
personas y objetos son trasladados en vehículos más pesados que el aire. En los diversos vuelos
de estas esculturas flotantes, escenificados en distintos lugares, la atención no se centra en la
naturaleza cerrada y aislada de la esfera, sino en la energía y la dinámica del aire. Un ejemplo
reciente es la trayectoria realizada en 2020 en Salinas Grandes de Argentina bajo el título Flying
with Aerocene Pacha, en la que se elevó más de 270 metros y recorrió una distancia de
aproximadamente 2,5 km, marcando 32 récords mundiales (Figura 3), lo que ilustra el concepto
de Saraceno sobre una forma innovadora de atravesar y ocupar el aire (Aerocene Foundation,
2023).
Figura 3. Acción aerosolar y comunitaria Flying with Aerocene Pacha. A) Despliegue en tierra y preparación del vuelo en
colaboración con las Comunidades de las Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, portando el mensaje de justicia
ambiental en defensa del agua y el territorio. B) Elevación y sustentación libre de la escultura aerosolar propulsada
únicamente por radiación térmica y solar, alcanzando un hito de movilidad sin emisión de carbono. Fuente: Adaptado
de Aerocene Foundation, https://pacha.aerocene.org.
En este sentido, el proyecto Aerocene representa una metodología para dilucidar la
naturaleza de la atmósfera, investigando su estructura, dinámica, flujos y densidad (Canal
Encuentro 2018). Por tanto, podría afirmarse que el proyecto sondea, en última instancia, las
posibilidades de que los humanos habiten el aire (Szerzynski s.f., 2017). Esta exploración de la
habitabilidad nos remite inevitablemente a la plural-esferología de Sloterdijk (2016). Para el
filósofo, vivir es siempre estar en un interior protegido, una esfera. Saraceno materializa esta
idea al crear esculturas que no son objetos cerrados, sino membranas que capturan un fragmento
de atmósfera. La conexión crítica aquí es que la espuma de Saraceno no es un refugio privado,
sino un sensor de la esfera común planetaria; la interdependencia se vuelve tangible cuando la
escultura asciende no por un motor, sino por su relación simbiótica con el calor solar.
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En otras palabras, el proyecto Aerocene explora el aire desde una perspectiva estética,
ética, social y energética, teniendo en cuenta aspectos climáticos y meteorológicos (Engelmann,
2020; Page, 2020, pp. 203-228). La mayoría de los métodos para acceder al aire requieren
objetos con mayor densidad que el entorno, como aeronaves. Incluso los globos, los dirigibles y
los seres vivos, como las aves y los insectos, dependen de combustibles, gases ligeros o de la
fuerza muscular para mantenerse en el aire. Aunque algunos de estos métodos son más
eficientes que otros, como el de las aves y los globos, todos dependen de fuentes externas de
energía. Aerocene, en cambio, investiga objetos más livianos que el aire que flotan gracias a las
propiedades del medio, utilizando la diferencia de temperatura y densidad entre el interior y el
exterior de una envoltura ligera o esfera (Saraceno et al., 2015). Según Szerszynski (2015, p.
15), esto crea un “régimen metabólico” único. Al dirigir sus proyectos hacia el cielo y el sol,
Saraceno se aleja de los métodos históricos que explotan los recursos terrestres, como la
agricultura o los combustibles fósiles, para explorar un sistema energético que depende
únicamente de la radiación solar y los flujos del aire. La distinción entre arte y ciencia es aquí
cada vez más difusa, pues la investigación artística se nutre del rigor de los climatólogos para
proponer un habitar atmosférico viable que pase de la belleza formal a la supervivencia ética.
Ahora bien, ¿cuál es el tiempo mínimo necesario para que una bolsa de aire dentro de una
envoltura de tejido alcance la flotabilidad suficiente? ¿Cuál es la tracción ascendente que puede
generar la radiación solar de forma aislada? ¿Cuál es la carga útil máxima que puede elevarse en
un conjunto dado de condiciones meteorológicas? Así pues, es imperativo determinar la
trayectoria de la corriente de aire y el punto en el que la escultura aerosolar podrá descender. La
investigación artística de Saraceno se relaciona con los conocimientos científicos de los
climatólogos y expertos en dinámica de flujo de la atmósfera, y combina así la creatividad
artística con el rigor científico (Aerocene, s.f.-g; Canal Encuentro, 2018; Engelmann, 2020). Su
trabajo contribuye a la investigación actual en este campo mediante el desarrollo de esculturas
capaces de ascender a la estratósfera. La distinción entre arte y ciencia es cada vez más difusa.
Como se ha expuesto con anterioridad, el objeto de estudio de la investigación de
Saraceno se centra en la energía de la atmósfera, específicamente en las formas en que esta
energía se manifiesta y puede ser aprovechada (Saraceno et al., 2015). No se pretende reiterar el
concepto de energía cero, el cual se utiliza con frecuencia en la comercialización de paneles
solares, aislamiento de viviendas y parques eólicos. En contraste, las obras de Saraceno exhiben
una abundancia energética que se manifiesta en diversos aspectos. Por ejemplo, la energía se
almacena en los materiales, incluyendo sus propiedades elásticas, durabilidad y tensiones
internas. Además, la energía está presente en la estabilidad y la dinámica de formas geométricas
determinadas. La energía social, que sirve de base a numerosas iniciativas del proyecto
Aerocene, incluida la iniciativa Museo Aero Solar, también puede clasificarse como una forma
de energía.
El Museo Aero Solar (Figura 4), que forma parte del proyecto Aerocene, se fundó en
2007 a raíz de una conversación entre Saraceno y el escritor Alberto Pesavento. Esta iniciativa,
implementada en diversos países, consiste en una escultura aerosolar creada colectivamente con
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bolsas de plástico recicladas, capaz de elevarse en el aire usando solo energía solar (Aerocene,
s.f.-d; Saraceno, s.f.a.; Saraceno, 2017). Su objetivo principal es optimizar el uso de materiales a
través de su reutilización y transformación mediante técnicas no convencionales, en contraste
con el reciclaje, que suele ser altamente energívoro. Esta iniciativa estimula una experiencia
colectiva de metabolismo cero, aprovechando el potencial del aire atmosférico sin agotarlo ni
contaminarlo. El proyecto aprovecha las bolsas de plástico, que son contaminantes, para crear
grandes estructuras flotantes. En las distintas estaciones del Museo Aero Solar, repartidas en
diversas regiones del mundo, las comunidades locales se involucran de manera informal en la
construcción de estas estructuras, utilizando herramientas básicas como pegamento y tijeras.
Este proceso estimula una experiencia colectiva en la que el aire y la colaboración unen a las
personas en la creación de objetos que flotan gracias a las propiedades del aire (Aerocene, s.f.-d;
Saraceno s.f.-a.). El objetivo principal no radica en alcanzar la energía cero, sino más bien en
lograr el metabolismo cero, lo cual implica abstenerse por completo del uso de cualquier forma
de combustible, gas o energía física. El principio fundamental que rige este enfoque es el
aprovechamiento del potencial del aire atmosférico sin agotarlo (Saraceno et al., 2015).
Figura 4. Proceso participativo y despliegue del Museo Aero Solar. A) Acopio y recolección comunitaria de bolsas de
plástico reutilizadas. B) Taller colectivo de corte, pegado y personalización gráfica de la membrana plástica. C)
Captación térmica e inflado de la estructura mediante la energía radiante del sol. D) Escultura aerosolar en su fase
final de flotación y experiencia inmersiva espacial. Fuente: Adaptado de Aerocene Foundation,
https://aerocene.org/museo-aero-solar.
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Sin embargo, como ya señalamos en alguna ocasión, el proyecto de Saraceno se desvía de
una perspectiva puramente científica sobre la naturaleza del aire. Lo considera un medio social
y adopta una postura ética y política ante él, de forma análoga a las formas tradicionales de
conocimiento (Saraceno, 2017). ¿Qué formas de interacción con el mundo que nos rodea,
incluidos los entornos, las atmósferas e incluso los seres humanos, son posibles sin consumo ni
destrucción? El planteamiento de Saraceno se basa en la amistad y en una relación no
consumista con el entorno, mediante una actitud ingeniosa, frugal y orientada a compartir
(Aerocene, s.f.-f)
Es evidente que la experiencia de estar en el aire abarca no solo la dimensión física, sino
también las sociales y las afectivas. Se trata de la atmósfera social que crean colectivamente las
personas, la forma en que habitan juntas el aire, colaboran en su formación y transformación, y
el modo en que se mueven y viajan en él. El elemento fundamental de muchas instalaciones de
Saraceno, la esfera, permite comprender el potencial de formación de comunidades sociales
mediante la creación de microclimas a través del aislamiento. Al construir esferas, se genera un
clima artificial aislado del exterior. De este modo, es posible crear ambientes más cálidos o más
fríos que el entorno. Es decir, la esfera, elemento fundamental de Saraceno, permite comprender
el potencial de formación de comunidades mediante la creación de microclimas. La
construcción de esferas aislantes es, por tanto, un aspecto fundamental de la civilización, ya sea
en forma de ropa o de vivienda. Muchos de los experimentos de Aerocene emplean este tipo de
esferas cerradas. Por ejemplo, la instalación Aerocene – Around the world to change the world
(Figura 5) en el Grand Palais durante la Conferencia COP21 de París refleja modelos de la
inmensa, pero existencialmente confinada y finita esfera que habitamos, así como las numerosas
subesferas aisladas más pequeñas que hemos creado dentro de ella (Martin, 2015a, 2015b;
Aerocene, s.f.-c). Esta instalación está compuesta por una pluralidad de esferas que representan
colectivamente la unidad de la atmósfera terrestre. Según Bruno Latour (2011), las esferas
pueden conceptualizarse como ecosistemas complejos, en los que las formas de vida desarrollan
defensas inmunológicas mediante la construcción de barreras protectoras y la implantación de
sofisticados sistemas de aire acondicionado. Es dentro de estos entornos construidos donde
nacen y crecen los seres humanos. Estas esferas pueden explorar y comentar los aspectos
climáticos del aire y nuestra morada en él, aunque la mayoría de los subproyectos de Saraceno
dentro de Aerocene se centran más en los aspectos meteorológicos del aire, es decir, en nuestro
movimiento en y con él.
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Figura 5. Instalación Aerocene – Around the world to change the world. A) Vista general de las esculturas aerosolares
suspendidas en la nave central de vidrio y acero, representando modelos de movilidad atmosférica no extractiva. B)
Detalle de la envoltura termodinámica y dispositivo de simulación de trayectorias aéreas sin combustibles fósiles.
Fuente: Adaptado de Aerocene Foundation, https://aerocene.org/aerocene-at-the-grand-palais-cop21-paris-france.
En dicho contexto, Saraceno desarrolló unas instalaciones o esculturas llamadas Cloud
Cities, que exploran nuevas formas de habitar el aire de manera sostenible (Saraceno, s.f.-b.;
Saraceno, 2017). Estas esculturas pueden ser tanto flotantes como estáticas, dependiendo del
contexto y la instalación específica (Klopper, 2015). Algunas están diseñadas para suspenderse
en el aire, inspiradas en sus investigaciones sobre estructuras ligeras y sostenibles, mientras que
otras se presentan como esculturas fijas en exposiciones o espacios públicos. Saraceno las
concibe como prototipos de ciudades futuras donde la movilidad se basa en principios de
interconexión ecológica, desplazando el eje desde la estética de la forma hacia una ética de la
coexistencia atmosférica.
Consideraciones finales
La visión de Aerocene redefine nuestra relación con el aire, concebido no solo como un
espacio de ascenso, sino también como un medio de apertura e interacción con fuerzas
elementales y cósmicas. Sus esculturas flotantes, sustentadas por la energía solar y terrestre, así
como por la presión atmosférica, se elevan y se desplazan, reflejando la interdependencia de los
seres vivos con su entorno. Del mismo modo que estos, los cuerpos humanos no son entidades
cerradas, sino sistemas en constante intercambio de energía, validando la tesis de Sloterdijk
sobre la porosidad de nuestras esferas vitales. Aerocene nos invita a aceptar la incertidumbre y
el riesgo como parte inherente de la existencia, promoviendo nuevas formas de solidaridad
basadas en la interdependencia y la vulnerabilidad compartida, en lugar del aislamiento y la
autosuficiencia. Más allá de su funcionalidad práctica, la propuesta se convierte en una metáfora
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de una transición hacia una relación más abierta y consciente con el mundo no humano,
redefiniendo el movimiento, la energía y la coexistencia dentro de la atmósfera (Szerzynski,
s.f.). Desde esta perspectiva, Aerocene plantea una nueva manera de concebir el viaje,
aprovechando la energía de la atmósfera como una red de corrientes de viento que transportan a
quienes se dejen llevar. Al ascender con la escultura, la travesía se vuelve impredecible, guiada
por los flujos atmosféricos en lugar del control humano. La trayectoria flotante transforma la
percepción del tiempo y el espacio, desafiando las nociones convencionales de agencia y
dominio. Durante el día, la escultura asciende con el calor del sol, descendiendo al anochecer,
reflejando y siendo reflejada por los paisajes sobre los que transita.
La propuesta de Saraceno puede interpretarse como una utopía que nos invita a rendirnos
a la aleatoriedad de los vientos y a reconocer la importancia de los flujos que sustentan la vida.
En lugar de perseguir el control y el consumo, se nos insta a valorar la pasividad y la apertura
como principios fundamentales. En un futuro, la humanidad podría experimentar un estado de
flotación global, alcanzando una mejor integración con su entorno natural (Humboldt, 1949) y
superando la era del aislamiento antropocéntrico para abrazar una verdadera ontología del aire.
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