Uno de los aspectos centrales es la atención a la materialidad y al lenguaje visual de la
pintura. La estructura, la forma, el color y los diferentes códigos visuales intervienen en la
organización del espacio pictórico y condicionan las posibilidades de percepción e
interpretación de la obra. El análisis de estos elementos permite desarrollar una mirada más
consciente sobre las imágenes y favorecer procesos de percepción y comprensión artística
(Eisner, 1995).
A partir de esta aproximación, se plantea una experiencia de contemplación atenta y
pausada. El alumnado identifica formas geométricas, colores, relaciones espaciales y elementos
simbólicos presentes en las obras seleccionadas. Esta observación se acompaña de preguntas y
procesos de reflexión orientados a interpretar los significados de las imágenes desde diferentes
dimensiones: estética, emocional y simbólica. De esta manera, la contemplación deja de
entenderse como una actividad exclusivamente receptiva y se convierte en un proceso activo de
construcción de significado (Aguirre, 2015; Eisner, 1995).
La experiencia se desarrolla mediante pequeños grupos de trabajo, en los que se analiza
una obra pictórica a partir de diferentes herramientas didácticas, entre ellas marcos geométricos,
cartas de color y otros recursos gráficos. Cada grupo registra sus observaciones y desarrolla dos
reinterpretaciones gráficas de la obra, acompañadas de una reflexión final. El proceso se recoge
en un libro de artista, concebido como espacio de documentación, experimentación y reflexión
sobre la experiencia desarrollada.
La utilización del libro de artista adquiere especial relevancia en el contexto de la
formación del profesorado, puesto que permite integrar observación, creación, escritura y
reflexión en un mismo proceso. Este tipo de recurso ha sido utilizado en experiencias de
innovación educativa basadas en las artes dentro de los Grados de Magisterio, favoreciendo
procesos de aprendizaje vinculados con la experimentación artística y la construcción personal
de significados (Caeiro et al., 2022). Asimismo, puede constituirse como un dispositivo de
creación y registro capaz de articular diferentes procesos visuales y narrativos (Gallardo, 2016).
En este sentido, el material elaborado durante la experiencia funciona como una cápsula
temporal que recoge la manera en que el alumnado interpreta y transforma la pintura barroca
desde su propia mirada. El resultado no se limita, por tanto, a una reproducción o
reinterpretación formal de las obras, sino que articula análisis, creación y narrativa visual. Esta
dimensión resulta especialmente significativa en la formación inicial del profesorado, ya que
permite experimentar procedimientos que posteriormente pueden ser adaptados a contextos
educativos de Educación Infantil (Caeiro et al., 2022).
La propuesta se integra, asimismo, en los talleres de transferencia didáctica desarrollados
en colaboración con el Museo de Arte Sacro de Teruel, concebidos como espacios de
aproximación educativa al patrimonio y de experimentación en torno a la mirada contemporánea
sobre las obras. El museo se plantea, así como un espacio de aprendizaje en el que la relación
entre obra, espectador y experiencia artística puede generar nuevas formas de interpretación y
participación (Marín y Roldán, 2009; Mesías, 2012).